Universidad de San Carlos de Guatemala Centro Universitario de Occidente Quetzaltenango
Carlos Rafael Yllescas M.  
 
  Abuso sexual y violación 18-02-2018 10:11 (UTC)
   
 
Universidad de San Carlos de Guatemala
Centro Universitario de Occidente
Carrera de Psicología
Curso: Clínica II
Docente: Lic. Carlos Rafael Yllescas Mijangos

ABUSO SEXUAL Y VIOLACIÓN

La violación es la coerción de la víctima a participar contra su voluntad en ac¬tos sexuales, en general el coito, a pesar de que la penetración anal o la felación se consideran análogamente actos de violación.

Al igual que otros actos de violencia, la violación es una emergencia psicológica  que requiere una adecuada intervención inmediata. Las víctimas de viola¬ción pueden sufrir secuelas que persistan a lo largo del resto de su vida. La viola¬ción es una experiencia de amenaza a la propia vida en la que la víctima ha sido amenazada casi siempre con algún tipo de daño físico, en general con un arma.

Además de la violación, existen otras formas de abuso sexual, como la manipulación de genitales con objetos, inflingir dolor o forzar la actividad sexual.

Características clínicas y diagnóstico

Los clínicos deben estar siempre alertados ante esta posibilidad, dado que un alto porcentaje de las violaciones no son denunciadas. Las dudas y la ansiedad de las pacientes al historiar los antecedentes sexuales deberán inducir a la sospecha.

La violación es, ante todo un acto de humillación violenta, por encima de un acto de intimidad sexual, y la interacción básica entre el violador y la víctima es la de la dominación física y la sumisión. Algunos violadores presentan impotencia durante el acto de la violación; sólo una minoría encuentran placer y excitación en el dolor y el sufrimiento de su víctima.

La inmensa mayoría de los violadores son hombres, y la mayoría de victimas, mujeres. De todos modos, también existe la violación masculina, especialmente en aquellos ambientes donde se encuentren hombres recluidos como por ejem¬plo en cárceles. Las mujeres con edades entre los dieciséis y los veinticuatro años son las de mayor riesgo, aunque se han descrito violaciones de hasta niñas de 1-5 meses y ancianas de más de 80 años. En más de un tercio de los casos el violador conoce a su víctima y en el 7% de casos se trata de un familiar cercano. Una quinta parte de las violaciones son realizadas por más de una persona (violación en grupo).

Con el consentimiento escrito de la paciente y siempre auxiliado por un médico forense para que tenga validez legal,  se deben recoger todas las evidencias posibles, como, por ejemplo, restos de pelo o semen que pudieran ser utilizados posteriormente para identificar al agresor.  De ser posible deben tomara fotografías de las evidencias. El historial  puede ser usado con posterioridad en el juicio; por tanto, conviene documentar lo que se observe de manera meticulosa. No debe escribirse “violación" como diagnóstico, ya que ésta es una  calificación legal.

Las reacciones más frecuentes tanto en la violación como en el abuso sexual son sentimientos de vergüenza, humillación, ansiedad, confusión y rabia. Muchas víctimas se preguntan que por qué ellas, y si no son en parte responsables de lo ocurrido o si de alguna manera provocaron al asaltante. En realidad, la victima contribuye mucho menos a provocar la agresión de lo que puede contribuir a provocar un robo o incluso un homicidio.

Orientación psicoterapéutica y para la entrevista

Si es posible, es preferible que sea un terapeuta femenino el que evalúe a la paciente, puesto que la víctima puede encontrar más fácil entenderse con una mujer que con un hombre. La evaluación deberá ser en privado. Cuando no se ha reconocido de manera franca y abierta que se ha producido una violación, conviene ser cauteloso, puesto que muchas víctimas dudan de la procedencia de sacar el tema e intentan evitarlo. Si la paciente parece estar muy ansiosa al preguntarle acerca de sus antecedentes sexuales y evita hablar de ello, no hay que reforzar su actitud y se debe evitar el tema. Aunque reconociendo que la persona ha sufrido un acontecimiento brusco y grave, es legal y terapéuticamente importan recoger una historia lo más detallada y completa posible del ataque.

Las victimas de abuso sexual y violación se sienten, con frecuencia, confundidas durante el período inmediatamente posterior a la agresión. Conviene tener una actitud tranquilizadora, de apoyo y que no juzgue lo ocurrido. Educar al paciente respecto de la disponibilidad de servicios públicos de ayuda tanto médicos, psicológicos como legales y de la existencia de centros multidisciplinarios dedicados específicamente a estos temas.

Evaluación y manejo

1.    Ofrecer los adecuados servicios psicológicos,  médicos, ginecológicos y policiales. Referir paciente de manera rápida para ser tratada de las lesiones que hubiera podido  sufrir durante la agresión. Si existe la posibilidad de embarazo, considerar la posibilidad de dar progesterona o dietiletilbestrol por vía oral durante cinco días para prevenir la implantación del óvulo. Dar tratamiento, que incluya antibióticos, para prevenir posibles enfermedades de transmisión sexual. Plantear en futuro realizar una prueba del virus de inmunodeficiencia humana (VIH).

2.    Ofrecer terapia de intervención en crisis. El objetivo es minimizar las secuelas psíquicas de la agresión. Ofrecer a la víctima psicoterapia de apoyo. En algunas ocasiones y la paciente lo requiere, animarla a hablar acerca de la violación y ventilar sus sentimientos en un ambiente en que se sienta segura y con confianza.   Está contraindicado cuando la paciente se niega a hablar o se intuye infringirle mayor daño psicológico.

3.    Animar a la paciente a emprender acciones legales contra el violador. Insistir en que existen redes de apoyo social para víctimas de violación. Evaluar la disponibilidad de apoyo por parte de amigos o familiares.

4.    Evaluar la hipotética existencia de estrés postraumático. El trastorno puede no aparecer de modo inmediato, así que conviene explicar esa posibilidad a la paciente. Muchas victimas de abuso o violación presentan síntomas durante muchos años. Entre los síntomas puede aparecer la reexperimentación del he¬cho (flashback), preocupación con la experiencia, sentirse sucia o incapaz de estar limpia, miedo a ser seguida por la calle o a andar sola, a volver a pasar por el lugar donde se sufrió la violación (a veces el propio domicilio o una ca¬sa del vecindario), pesadillas, insomnio y patrones de alimentación alterados. Pueden aparecer síntomas somáticos como cefaleas, náusea, vómitos o males¬tar general. Además, la paciente puede desear evitar las relaciones sexuales en el futuro o puede experimentar síntomas de vaginismo.


5.    Referir a la paciente a psicoterapia si es necesario, ésta debe centrarse en res¬tablecer el adecuado sentido de control sobre el medio, reduciendo los senti¬mientos de desesperanza y dependencia, y afrontando y procesando los pensa¬mientos obsesivos que pudieran aparecer acerca del abuso o la violación.

6.    Evaluar la presencia de síntomas psiquiátricos (p. ej., esquizofrenia, dependencia de sustancias o trastorno de personalidad) que pudieran causar un juicio alterado y colocar a la paciente en posiciones de riesgo para sufrir abuso o violación. Si existe un trastorno psiquiátrico, referir a la paciente para su ade¬cuado tratamiento.

7.    Cuando existen en nuestro medio, referir a la paciente a terapia de grupo para víctimas de violación o abuso se¬xual. Este tipo de grupos resultan de la máxima utilidad.

Farmacoterapia

(Unicamente por prescripción Médica).

Por lo general, no suele estar indicado ningún tipo de tratamiento farmacológi¬co. Algunas pacientes pueden experimentar niveles muy elevados de ansiedad después del abuso o la violación. En estas situaciones puede estar indicado pres-cribir una benzodiacepina durante un corto periodo de tiempo, como por ejemplo alprazolam (Trankimazin) 0,5 -1 mg. V.O. tres veces/día, loracepán (Idalprem) 1 - 2 mg. tres veces/día u oxacepán (Sobile) 10 - 30 mg tres veces/día.

El insomnio puede tratarse con alguna de las medicaciones que se han citado o como temacepán o fluracepán (Dormodor), ambas 15 - 30 mg V.O. al acostarse.

Referencias cruzadas:

Abuso de la esposa, ancianos o niños, conducta homicida, pánico homosexual, hipersexualidad, incesto, intoxicación, trastorno por estrés postraumático, emba-razo, violencia.

Fuente: Kaplan: Urgencias Psiquiátricas.

 
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