Universidad de San Carlos de Guatemala Centro Universitario de Occidente Quetzaltenango
Carlos Rafael Yllescas M.  
 
  Bienestar emocional 20-01-2018 00:42 (UTC)
   
 
Universidad de San Carlos de Guatemala Centro Universitario de Occidente Licenciatura en Psicología Psicoterapia I Lic. Carlos Rafael Yllescas M. Bienestar emocional: el control de los pensamientos Miguel Ángel Manzano Psicólogo de ISEP Clínic Barcelona El control de los pensamientos (o terapia cognitiva) es una estrategia psicológica que se ha demostrado muy eficaz frente a diferentes problemas psicológicos: bajo estado de ánimo, estrés o problemas de ansiedad, baja autoestima, cambios bruscos de humor, tendencia a preocuparse en exceso, etc. En general, es aconsejable para aquellas personas que consideran que reaccionan de manera excesiva ante las situaciones, son muy sensibles o sufren emociones negativas muy intensas. También puede ser útil para quien no entiende algunas reacciones propias ante determinados acontecimientos y se pregunta: “¿cómo he llegado a hacer esto?”, “¿por qué lo he hecho? Si bien la terapia cognitiva es eficaz para resolver conflictos emocionales, también puede servir como curso de aprendizaje personal, pues aporta una estructura que permite analizarnos y comprendernos mejor. Quienes sufren algunos de estos problemas acuden a la consulta del psicólogo con el objetivo de controlar sus emociones, mejorar su estado de ánimo o, como habitualmente se resume, buscando sentirse bien. Pero la verdad es que cambiar las emociones que tiene una persona es algo muy complicado y todos hemos sido víctimas de esta dificultad en uno u otro momento de nuestras vidas. Para intentar superar esta dificultad, la terapia cognitiva pone el énfasis no en las emociones, sino en los pensamientos que desarrollamos en las diferentes situaciones a las que nos enfrentamos. Uno se preguntará si es útil cambiar los pensamientos para manejar las emociones. Para responder, aclaramos que esta forma de trabajar nace del sentido común, ya que utiliza las estrategias que usamos todos (aunque no nos demos cuenta), pero de una manera más estructurada. Estrategias para variar puntos de vista Por ejemplo, frente a una situación que nos provoca malestar, muchas personas dicen que intentan ver las cosas de otra manera. Pues esto es precisamente lo que pretende la terapia cognitiva: aportar estrategias a la persona para poder cambiar su punto de vista. El objetivo de nuestro trabajo es aportar herramientas para que cada uno pueda ser su propio psicólogo, conocerse, analizarse y cambiar por los propios medios. Bajo esta mirada, la mayoría de las emociones son el resultado de la interpretación que hemos hecho y, a su vez, tanto pensamientos como emociones determinan nuestra conducta. Es decir, la interpretación que hacemos de un determinado suceso justifica y determina la manera cómo nos sentimos. Por tanto, si modificamos los pensamientos y conseguimos creérnoslos (esto es lo más difícil), tanto la manera cómo nos sentimos como nuestra manera de actuar se verá modificada. En una misma situación se nos pueden ocurrir dos o más reacciones alternativas y posibles. Es por ello que durante una situación se nos ocurren múltiples pensamientos, unos más positivos y otros más negativos, pero, a veces, nos abruman los negativos y no nos permiten reaccionar con objetividad. Con esta terapia se pretende realizar un análisis exhaustivo de los diferentes factores que influyen en el acontecimiento y descubrir una interpretación que sea realista y que no nos altere excesivamente. Evitar el sufrimiento innecesario Es importante destacar que el control de los pensamientos no pretende que las personas sean continuamente felices; más bien el objetivo es que no sufran más de lo necesario. En ocasiones, se ve al psicólogo como al profesional que elimina el malestar; en realidad, nuestro papel consiste en eliminar un exceso de sufrimiento que normalmente resulta innecesario o poco útil. Nos propondremos intentar modificar nuestros pensamientos cuando consideremos (o nos digan) que nuestras emociones son desadaptativas, es decir, de una duración e intensidad excesivas, y que nos condicionan negativamente en nuestras reacciones o rendimiento diario. Desde este modelo no se defienden formas de ver las cosas correctas e incorrectas. Lo que se expone es que ciertas interpretaciones (irracionales) provocan estados emocionales extremos y excesivos, además de emociones que con otro tipo de pensamientos no se tendrían y que pueden condicionar nuestra vida negativamente. Un ejemplo de emociones desadaptativas podría ser el de la madre de un adolescente que suspende varias asignaturas y ella se siente triste y culpable porque piensa: “no lo he hecho bien”, “no le he transmitido buenos valores”, “si le hubiera ayudado más…”. Estos pensamientos y sus correspondientes sentimientos influirán en su conducta y probablemente no castigará a su hijo, ya que según este pensamiento la única que necesita ser castigada es ella. Si lo expuesto hasta este momento es cierto, la conclusión a la que llegamos es que trabajando sobre los pensamientos que tenemos podemos conseguir sentirnos de manera diferente, y eso influirá en nuestra modo de afrontar la vida.
 
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