Universidad de San Carlos de Guatemala Centro Universitario de Occidente Quetzaltenango
Carlos Rafael Yllescas M.  
 
  Características personales del terapeuta 18-02-2018 10:10 (UTC)
   
 

 

Universidad de San Carlos de Guatemala
Centro Universitario de Occidente
Licenciatura en Psicología
Curso: Psicoterapia I.
Lic. Carlos Rafael Yllescas Mijangos
 
Características personales del psicoterapeuta

Dr. Héctor Fernández - Alvarez
 

 

Se trata de un fenómeno muy complejo, constituido por tres tipos de variables:
1) La posición del terapeuta, es decir, el rol que desempeña en función de su ubicación en la red social. Se compone de:
a) El nivel de inserción socioeconómica del profesional;
b) El circuito socio-profesional al que pertenece el terapeuta;
c) La forma de prestación, o sea el sistema de contratación que regula la práctica en cuestión (liberal, público-comunitario, empresas de seguros de salud, etcétera).
De este factor depende la posibilidad de que determinado paciente pueda entrar en contacto con determinado terapeuta.
2) La situación vital actual del terapeuta. Incluye:
a) La apariencia que como individuo presenta frente al imaginario colectivo de su grupo social de pertenencia y referencia. La edad, el sexo, el cuerpo, la inteligencia y el nivel cultural y otros datos accesibles a la observación o de presunción habitual en ese ámbito social, contribuyen a la conformación de su imagen aparente.
b) La encrucijada vital específica que se encuentra atravesando (condición familiar, laboral, física, etcétera).
3) Los modos (o funciones de la comunicación). Se trata del factor más personalizado y de él dependen las variaciones singulares con que el Estilo Personal de un Terapeuta incide sobre el uso de una técnica específica. El Estilo Personal se traduce, concretamente, en estos diferentes modos de comunicación a los que el terapeuta apela para influir sobre el paciente, con el objeto de promover determinados procesos de cambio. Es el aspecto que queremos destacar en esta presentación y al que nos referiremos en adelante. Al analizar los Modos Comunicativos encontramos que el Estilo Personal de un Terapeuta es el producto de una serie de funciones que operan integradamente, aunque no todas esas funciones tengan la misma importancia o incidencia en cada tramo de la relación terapéutica.
Las funciones que hemos recortado para nuestra presentación son las siguientes:
a) Instruccional;
b) Evaluativa;
c) Atencional;
d) Expresiva;
e) Operativa;
f) De compromiso vincular.
Analizaremos a continuación los alcances de cada una de ellas. Pero antes es necesario establecer algunas precisiones sobre dichas funciones. En primer lugar, cada una de las funciones se manifiesta a través de diferentes dimensiones. Ni las funciones ni las dimensiones aquí descriptas pretenden ser exhaustivas. Sólo tenemos en cuenta las que nos han parecido más relevantes para ilustrar el tema.
En segundo lugar, cada una de las dimensiones se representa como un continuo con las siguientes características:
a) Los extremos señalan las posiciones más características, pero por ser un continuo, admite todos los términos medios.
b) La extensión alcanzada por cada dimensión en sus posiciones extremas refleja los límites máximos de funcionamiento favorable del terapeuta; las acciones iatrogénicas caen fuera de los límites establecidos.
c) La actividad global de estas funciones se traduce en la acción como un conjunto de rasgos, actitudes y disposiciones que cada terapeuta puede evidenciar en cada momento de su evolución como profesional.
Función instruccional
Está constituida por el conjunto de acciones que lleva a cabo el Terapeuta con el fin de determinar los alcances y los límites de la relación terapéutica, y por consiguiente la distancia que regirá entre Paciente y Terapeuta así como los intercambios considerados legítimos en esa relación. Si bien cada técnica terapéutica establece principios generales sobre la forma en que debe desarrollarse ese vínculo, el Estilo Personal de cada terapeuta cumplimenta esos principios de maneras muy diversas. Entre las más significativas encontramos estas dimensiones:
*Rigidez vs. flexibilidad
Algunos terapeutas se sienten inclinados a marcar límites muy rígidos, tanto en relación con el cumplimiento de las pautas o tareas como en lo referente al vínculo terapéutico. El límite queda establecido en esos casos de acuerdo con la idea que el terapeuta tenía con anterioridad al encuentro con el paciente. En el caso de la flexibilidad, el terapeuta tiende a ajustar dicho límite en base a las modificaciones que le sugiere el contexto específico de cada relación.
*Asimetría marcada vs. asimetría moderada
Todos coinciden en que debe existir una asimetría, una diferencia entre terapeuta y paciente que permita a ambos tener claramente identificados los roles. Algunos terapeutas extreman esta diferencia, quedando el rol del terapeuta situado a gran distancia, mientras que otros lo suavizan, reduciendo la distancia en uno o más aspectos de la situación. Suelen encontrarse ejemplos de lo primero entre los terapeutas noveles, que experimentan con frecuencia sentimientos de inseguridad en relación al cumplimiento de su tarea; también puede observarse este fenómeno cuando el paciente es derivado por alguien muy significativo para el terapeuta.
 
 
Función evaluativa
Se trata de una función que opera desde el comienzo mismo del acto psicoterapéutico. Por lo tanto debe considerarse incluida junto a la función instruccional, pues trata del conjunto de operaciones realizadas por el terapeuta para estimar la marcha de cada uno de los movimientos que realizan tanto él como su paciente. Como tal, sirve de reguladora de todas las otras funciones, incluida la del establecimiento de las reglas de juego que gobernarán la tarea. Aparecerá junto a cada una de las diferentes funciones y podrá graficarse representándola como una acción complementaria de las mismas, pues sirve para ajustar sus movimientos. Puede ilustrarse con las siguientes dimensiones:
*Optimismo vs. criticismo
Independientemente de los criterios objetivos de evaluación (tanto del proceso como de los resultados) que cada terapeuta puede emplear basándose en la observación o en instrumentos específicos, cada terapeuta tiende a realizar evaluaciones permanentes sobre la marcha del tratamiento. La tendencia crítica supone en cada caso que la marcha de la terapia no es la mejor. Por ejemplo con respecto a la delimitación de las tareas, puede estimar que las reglas no fueron suficientemente bien explicitadas, mientras que si el estilo refleja una actitud optimista, el terapeuta tenderá a evaluar que realizó su tarea del mejor modo posible.
*Centrada en los medios vs. centrada en los fines
La evaluación puede dirigirse de manera predominante a estimar la marcha del proceso o bien a evaluar de qué manera se han producido ciertos efectos. En los dos casos queda claro que el propósito de la psicoterapia está dirigido a la consecución de determinados objetivos. Lo que aquí se describe son modalidades de evaluación procesales sin poner en duda ese propósito primordial.
 
Función atencional
Tradicionalmente fue denominada "función de escucha", particularmente cuando la psicoterapia era considerada casi exclusivamente una curación por medio de la palabra. Hoy en día, aunque sigue conservando en buena medida ese mismo carácter, se manifiesta por medio de otras formas de intercambio terapéutico que requieren ampliar el concepto de función atencional a algo que está más allá de la escucha. Es posible afirmar que esta función se compone de todas las operaciones que el terapeuta realiza con el fin de acceder a la información que el paciente aportará para tratar de lograr ayuda para su problema. Sus dimensiones más significativas son las siguientes:
*Activa vs. receptiva
El terapeuta podrá orientar su atención de una manera activa, realizando movimientos que busquen provocar en el paciente la disposición a proveer determinadas informaciones u orientar dichas informaciones en una dirección específica. Cuando actúe de manera receptiva, su atención estará operando en el sentido de un radar disponible para captar las emisiones de signos que el paciente espontáneamente produzca.
 
*Concentrada o de nivel múltiple (abierta)
Cuando el terapeuta se posiciona frente al paciente de manera concentrada, tiende a facilitar el registro de ciertas y muy definidas informaciones. Obviamente esto será muy útil cuando el terapeuta esté buscando aplicar un sistema terapéutico definido y muy estructurado. Con un estilo contrario, nos encontraremos con aquellos terapeutas que actúan con una atención más abierta, capaz de permitir ingresar al circuito de trabajo fuentes informacionales muy diversas entre sí y pertenecientes a múltiples niveles.
En el desarrollo de esta función atencional habremos de reencontrar aquella función evaluativa sobre la que hablamos anteriormente. En este caso se aplicará a estimar en qué medida la tarea de prestar atención a la producción del paciente está siendo favorable o desfavorablemente cumplida. En este caso una dimensión crítica supondrá que la información recogida es insuficiente o que está pobremente presentada, lo que obligará a esperar o provocar la aparición de nueva información. Una actitud optimista producirá, lógicamente, un efecto inverso.
Función operativa
Se trata de las acciones que el terapeuta desarrolla para cumplir con el plan de tareas, del cual se supone que resultará la producción de los cambios esperados en el paciente. En la medida que el terapeuta esté correctamente entrenado, se espera que aplique rigurosamente las premisas de la técnica que considera correcta para cada caso. Ello no obstante, el estilo personal de cada terapeuta lo llevará a cumplir esa función operativa de maneras muy diversas. Las dimensiones más destacables aquí son las siguientes:
*Directivo vs. persuasivo
Un terapeuta podrá aplicar la técnica dirigiéndose al paciente para que cumpla con las tareas asignadas. Su actitud tendrá en ese caso un carácter normativo y se espera que el paciente se ajuste a tales indicaciones. En el extremo opuesto nos encontraremos con aquellos terapeutas que utilizan modos persuasivos para lograr que el paciente se adecue al plan de tareas. El modo imperativo y la sugerencia aparecen como dos estilos contrapuestos que definen formas muy definidas de intentar hacer cumplir una tarea.
*Lógico (literal) vs. retórico (figurado)
Ciertos terapeutas se proponen avanzar con la aplicación de la técnica mediante observaciones e indicaciones que se ajusten a un plan lógico. Se trata de cumplir literalmente con lo que se espera para ese paciente. Quienes actúan así esperan que el paciente pueda descifrar adecuadamente la secuencia lógica que supone el tratamiento. Existe una modalidad contraria, basada principalmente en el uso de las figuras retóricas, ejemplificadas por el uso de figuras y tropos (por ejemplo las metáforas), a los que el terapeuta recurre como una manera de volver inteligible la marcha necesaria del proceso terapéutico.
Función expresiva
Se trata de la función del Estilo Personal sobre la que más se ha insistido, probablemente, en los estudios sobre incidencia del factor personal del terapeuta. Existe incluso un cierto prototipo ideal de función expresiva que describe al terapeuta como alguien cálido, con un gesto comprensivo, nunca muy elocuente, pero que transmite confianza y seguridad para comunicarse con él.
En realidad los terapeutas se distribuyen en un espectro bastante amplio y además no es seguro que el mismo modo expresivo sirva para hacer funcionar adecuadamente cualquier técnica o para lograr los mismos resultados con todos los pacientes. Indudablemente, todo terapeuta actúa en su trabajo guiado por una modalidad expresiva que lo acompaña desde el comienzo mismo de la relación con el paciente. En ese sentido, esta función también está presente desde un comienzo y atraviesa toda la acción terapéutica como una constante cuyas variaciones dependerán de los diferentes estados que puede manifestar el terapeuta.
La función expresiva puede ejemplificarse por medio de dos funciones primordiales:
*Tonalidad emocional baja vs. tonalidad emocional alta
Aunque conceptos como calidez, equilibrio y templanza parecen definir estilos expresivos ideales para un terapeuta, resulta evidente que en muchas oportunidades su Estilo Personal se manifiesta exitosamente como de poca o de intensa transmisión. Ejemplos de ello ocurren cuando el paciente enfrenta una situación traumática (pérdida de un embarazo, muerte de un familiar).
*Corporal vs. mental
Es la dimensión más característica y más idiosincrásica de la función expresiva. Existen terapeutas que utilizan con preferencia modalidades corporales. Entre las más significativas se encuentran:
- Gestos faciales,
- Miradas,
- Tonalidades de la voz,
- Movimientos corporales.
Otros terapeutas sostienen su expresividad por medio de recursos mentales como por ejemplo:
- Fluidez verbal,
- Riqueza asociativa,
- Ritmo de comunicación.
 
Función de compromiso vincular
Esta función sintetiza el conjunto de las modalidades de comunicación anteriormente descriptas. Pero se trata de una síntesis productiva y no meramente un resumen de las mismas.
Cada terapeuta manifiesta, por medio de su compromiso vincular, la disposición que tiene para ayudar a una persona que padece. Nuevamente nos encontramos en este punto con ciertas descripciones ideales que proponen términos medios como la representación de este compromiso. Creemos que tales términos medios constituyen precisamente entidades ideales que describen usualmente la forma deseada por quienes lo postulan. En la práctica los terapeutas distan mucho de adecuarse a esos prototipos. Y esto, lejos de ser algo negativo, ha contribuido enormemente a ampliar nuestro conocimiento de la psicoterapia. El movimiento de la integración debe mucho a esta circunstancia.
Las dimensiones por medio de las cuales podemos representar el compromiso vincular que el terapeuta está dispuesto a mantener con su paciente se abren en dos direcciones: Nivel de compromiso interpersonal y Nivel de compromiso intrapersonal.
Compromiso interpersonal
Se manifiesta en un continuo cuyas modalidades extremas son:
*Proximidad vs. distancia
Algunos terapeutas sólo se sienten cómodos para trabajar cuando logran que la relación con el paciente no implique una fuerte involucración o compromiso personal. Terapeutas con ese perfil se encuentran entre quienes prefieren realizar tratamientos individuales antes que grupales, con pacientes no muy severos y con alto grado de autonomía personal, con programas terapéuticos focalizados y de corta duración.
La contrapartida la encontramos en aquellos terapeutas que trabajan a gusto cuando existe un fuerte grado de involucración en la relación de ayuda que mantienen con sus pacientes. Son terapeutas que prefieren tratamientos con pacientes más perturbados, que eligen formas terapéuticas más abiertas y extendidas en el tiempo, lo que los expone a desarrollar un vínculo más intenso y a participar de zonas de la experiencia personal delpaciente de mayor intimidad.
Compromiso intrapersonal
Se trata del grado de compromiso que el terapeuta experimenta con su trabajo, en relación con el resto de las áreas de su vida. Los modos característicos pueden describirse como:
*Focalizado vs. extendido
El primero se trata de un terapeuta que involucra pocos aspectos de su vida personal en el trabajo, en términos de tiempo, relaciones familiares y personales, expectativas económicas y de prestigio social, etcétera.
El segundo es el modelo del terapeuta que se siente comprometido en forma más global con su tarea que afecta y repercute sobre muchas áreas de su vida personal.
Sobre la integración del Estilo Personal y la técnica terapéutica
La Relación Terapéutica es el resultado de la participación conjunta del paciente y el terapeuta.   Este último contribuye al desarrollo de la psicoterapia a través de dos fuentes: la técnica que utiliza y el Estilo Personal con que la aplica. Presentaremos a continuación qué reflexiones son posibles sobre la integración de ambos factores. Del Estilo Personal consideraremos, como se desprende de lo que antecede, los modos o funciones comunicacionales.
Las preguntas que guían nuestra presentación son las siguientes:
1) ¿Es posible establecer un perfil deseable de Estilo Personal definido para cada modelo terapéutico?
2) En un nivel más circunscripto, ¿puede establecerse dicho perfil en relación con una técnica en particular?
3) ¿Puede hablarse de un perfil perteneciente a un modo integrativo de abordar la psicoterapia? ¿Existe un Estilo Personal de terapeuta integrativo?
1) Los modelos tradicionales de psicoterapia han promovido reglas generales de funcionamiento sobre el comportamiento de los terapeutas. Las formulaciones más ortodoxas de dichos modelos permiten elaborar perfiles esperados, representa los perfiles del terapeuta ideal correspondiente a los modelos: Psicoanálisis, Terapia del Comportamiento, Terapia Sistémica, Terapia Gestáltica y Terapia Existencial. Dado que esos modelos evolucionaron con el tiempo, las respectivas denominaciones incluyen en la actualidad numerosas variantes.  Esto vuelve poco consistente hablar de un perfil de Estilo Personal para dichos modelos.   Tal vez pueda servir sólo como ilustración general de los prototipos de las formas clásicas de los mismos. Podría intentarse en su lugar elaborar perfiles específicos para diferentes variantes. Por ejemplo perfiles diferenciales de terapia sistémica: uno estructural, otro estratégico. Sin embargo, podría repetirse lo señalado con respecto a los modelos generales: diversidad de variantes que vuelven inconsistentes esos perfiles.
2) Podría intentarse, entonces, diseñar los perfiles correspondientes no a los modelos generales, sino a las técnicas específicas. Por ejemplo, estudiar el Estilo Personal correspondiente a la interpretación, la dramatización, la técnica de las dos sillas, la prescripción del síntoma o la intención paradojal.  Esto parece más convincente, toda vez que la eficacia de una técnica parece depender de que exista la persona con capacidad y disponibilidad para aplicarla. En esa dirección hemos venido estudiando en los últimos años la correspondencia entre Estilo Personal y aspectos técnicos particulares. Presentamos a continuación los resultados obtenidos vinculados con la variable de extensión de la psicoterapia, a partir de las observaciones en numerosos terapeutas. La extensión es una de las variables técnicas más influyentes sobre el curso de una psicoterapia. Se refiere tanto a la frecuencia como a la duración del tratamiento, y de ella suelen depender muchos factores como:
a) La amplitud de los objetivos;
b) La complejidad de la relación paciente-terapeuta;
c) El grado de exposición personal del terapeuta;
d) El grado de intimidad de los sentimientos expresados por el paciente.
De acuerdo con la extensión, clasificamos a las psicoterapias en tres grupos: breves, intermedias y prolongadas. Cada una de esas categorías está mejor indicada para ciertos objetivos. Estudiando el funcionamiento de muchos terapeutas encontramos una fuerte correspondencia entre Estilo Personal y extensión. Un determinado Estilo Personal parece cubrir más adecuadamente los requerimientos de cada modalidad extensiva.
Los terapeutas no suelen elegir, habitualmente, sus prácticas en base a la extensión, sino guiados por el tipo de trastorno, el nivel etario o las condiciones vitales de los pacientes. Estas variables, junto a muchas otras, interjuegan con el factor de la extensión. Queda determinado de esa manera un conjunto muy complejo de alternativas como indicaciones factibles de tratamiento. Hemos observado significativamente que los terapeutas tienden a extender sus tratamientos en numerosas oportunidades más en relación con su Estilo Personal que con las expectativas derivadas de la indicación inicial. Esto nos llevó a clasificar a algunos terapeutas como Psicoterapeutas Breves, Intermedios o Prolongados y a incluirlos en el staff profesional de acuerdo con ese perfil.
3) La pregunta final y la más interesante para nuestro encuentro. ¿Existe un Estilo Personal de terapeuta integrativo? La respuesta más acertada es, probablemente, la más ambigua. Por un lado no y por otro sí. ¿Por qué cada una?
¿Por qué no?
No es posible sostener un Estilo Personal de terapeuta integrativo en la medida en que no creemos que exista (o deba existir) un modelo integrativo. Pensamos que la integración de la psicoterapia es una tendencia necesaria, a partir de un momento del desarrollo de esta disciplina, para facilitar la transferencia inter-modelística y la discusión sobre los hallazgos de las diferentes propuestas y alternativas. Postular un modelo integrativo de psicoterapia supone elaborar gnoseológica y epistemológicamente una estructura teórica capaz de traducir en un nivel de mayor complejidad los alcances de las variantes que se pretende integrar. Eso mismo admite, hoy por hoy, innumerables propuestas posibles, todas ellas con igual grado de verosimilitud.
Podemos concluir que, antes que un modelo integrativo, estamos en condiciones de propiciar una actitud integrativa que puede traducirse en la gestación de numerosos modelos integrativos. Siendo así las cosas, lo esperable es que existan tantos Estilos Personales como propuestas (y variantes dentro de las mismas) existan.
¿Por qué sí?
Porque aunque no exista ese Estilo Personal unificado, totalizador, absoluto, correspondiente a un modelo integrativo igualmente absoluto, es posible sostener la idea de un perfil de terapeuta que facilite la actitud integrativa. ¿Qué características puede presentar? Se trata de un terapeuta con baja tendencia a situarse en puntos extremos de las dimensiones señaladas. Pero sobre todo un terapeuta capaz de moldear su Estilo Personal en relación con cada situación concreta que le toque enfrentar. Un estilo alejado de la mentalidad autoritaria y fanática parece facilitar este tipo de terapeuta.
 
 

 

Carlos Rafael Yllescas Mijangos
febrero de 2001
 
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