Carlos Rafael Yllescas M.  
 
  EL GRAN MITO DE LA ANSIEDAD ADOLESCENTE. 23-10-2019 23:51 (UTC)
   
 

EL GRAN MITO DE LA ANSIEDAD ADOLESCENTE.

Relájese: la era digital no está arruinando el cerebro de sus hijos*

 

“Mucho se habla por estos días de que la tecnología digital está alterando el cableado del cerebro de los adolescentes, volviéndolos ansiosos, preocupados por todo, incapaces de enfocarse.

 

Pero a pesar de que algunas fuentes dicen lo contrario1, existe muy poca evidencia de que se esté produciendo una epidemia de ansiedad en los adolescentes. Es que la encuesta más seria y representativa de desórdenes psiquiátricos en jóvenes se hizo hace más de diez años. Otras pocas muestras informan de un incremento de la ansiedad pero ellas están basadas en declaraciones de los niños o sus padres, quienes tienden a sobre estimar la incidencia de los problemas pues ellos detectan síntomas leves, no los que tienen un significado clínico.

 

¿Entonces, qué hay por detrás de la idea de que los adolescentes cada vez están más nerviosos? Lo más probable es que sea un mito. Pero aquí lo más importante es preguntarse el por qué se ha aceptado como un hecho.

 

Una razón, yo creo, es que los padres piensan que la tecnología digital –celulares, videojuegos– son tóxicos neurológica y psicológicamente. Si usted lo cree así, pareciera que la generación que crece con estas tecnologías ubicuas está destinada a sufrir problemas psicológicos. Pero esta noción más bien dudosa viene de un número pequeño de estudios que tienen limitaciones serias.

 

Algunos de ellos2 informan de la asociación entre el aumento del tiempo pasado usando la comunicación electrónica y viendo pantallas y niveles más bajos de bienestar psicológico. El problema es que esos estudios sólo muestran una correlación. Es totalmente posible que los adolescentes que son más ansiosos o que no estén contentos sean, para empezar, los que se entregan más a los celulares para desahogarse de sus emociones negativas, que sus pares más serenos.

 

Otro conjunto de estudios que usan la resonancia magnética para examinar los cerebros de los jóvenes que han sido clasificados como “adictos” a los video juegos por internet, informan que existen alteraciones estructurales y funcionales en varias regiones de sus cerebros comparadas con un grupo control.

 

Pero una vez más, estos estudios no nos pueden informar si las alteraciones del cerebro son resultado del uso excesivo de internet, o son un factor de riesgo pre existente que induce a ese exceso.

 

Y,  ¿qué del argumento de que los celulares pueden producir la misma adicción que las drogas? Esto se basa en unos pocos estudios usando resonancia magnética que muestran que los muchachos “adictos” a los juegos on line presentan una activación mayor en las zonas de la recompensa de sus cerebros cuando se les muestran imágenes de juegos.

 

Hasta aquí ninguna sorpresa. Si yo le escaneo su cerebro mientras le muestro  imágenes de lo que sea que lo excite, chocolate, sexo, dinero, su zona de recompensa se iluminará como un árbol de navidad. Pero eso no significa para nada que usted sea adicto a esas cosas.

 

La pregunta real es si la tecnología digital puede producir en el cerebro los mismos efectos duraderos que ocasionan las drogas adictivas. Existe muy poca evidencia de que este sea el caso.

 

Y mientras un alcohólico privado de su bebida puede tener un síndrome de abstinencia que ponga en riesgo su vida, no he visto hasta ahora a un adolescente en emergencias sufriendo de lo mismo porque se le haya quitado el celular, sólo a un muchacho hosco pidiendo que se le devuelva su aparato.

 

Considerando todo esto, ¿por qué tantos padres insisten en que su hijo adolescente tiene un problema de ansiedad? Mucho me temo que ahí se está reflejando esa nueva tendencia de volver patológico cualquier nivel de la angustia normal de la vida cotidiana.

Existe una gran diferencia entre un trastorno de ansiedad y la ansiedad cotidiana. La primera les impide a las personas funcionar pues su estado alterado les hace sentir angustia desmedida cuando no existe algún riesgo que ocasione su ansiedad. La segunda es una respuesta normal y racional a un factor de estrés real. Los adolescentes y las personas de cualquier edad deben y pueden sentirse ansiosos en alguna ocasión.

 

Algunos pueden argumentar que los jóvenes de ahora están más preocupados porque les está tocando vivir un momento complicado, uno que les exige más en la escuela, o en la universidad futura. Sí, pero esa ansiedad es una respuesta adecuada a los desafíos de la vida, no un trastorno.

 

Claro que mucho de lo que digo es anecdótico, pero como psiquiatra, no he visto un incremento en el número de pacientes que sufren de verdaderos trastornos de ansiedad, que necesiten terapia o medicación para ponerle freno a su enfermedad. Lo que si he notado es que muchos más de mis pacientes jóvenes se preocupan muchísimo con cosas sin importancia y que luego se preocupan de su preocupación.

 

Algunos pacientes en el inicio de sus veinte años, por ejemplo, estuvieron bajo mucho estrés en el trabajo, y estaban alarmados por algunas noches durmiendo poco. Ninguno de ellos estaba deprimido clínicamente, aunque estaban claramente convencidos de que su insomnio podría alterar de forma seria su capacidad en el trabajo o que los iba a enfermar de forma grave. Todos se sorprendieron y se tranquilizaron con facilidad cuando les dije que no había mayor razón para preocuparse. Pero, me pregunto, ¿por qué no lo resolvieron sin necesidad de recurrir a mí?.

 

La respuesta puede encontrarse en la preocupación excesiva de los padres cuando sus hijos pasan por momentos difíciles ya sea por un problema amoroso o uno laboral y no lo ven como lo que son, momentos complicados de la vida cotidiana sino como algo que necesita tratamiento clínico.

La verdad es que nuestros cerebros son más resistentes de lo que pensamos. El mito de una epidemia de trastorno de ansiedad producida por la tecnología digital revela una idea exagerada sobre cuán abierto está nuestro cerebro a las influencias externas.

 

Sí, nuestros cerebros pueden aprender y extraer información crítica del ambiente, pero hay límites para la neuroplasticidad. Cuando se es joven y más impresionable, el cerebro ya dispone de frenos moleculares y estructurales que controlan el grado en que él puede ser recableado por la experiencia.

 

Es bueno tener en mente que la llegada de nuevas tecnologías siempre provoca pánico moral y médico. Que los televisores iban a fritar el cerebro, no pasó jamás. Y la idea de que el cerebro es una hoja en blanco que puede ser transformada de forma fácil con la tecnología digital, es más bien un asunto de la ciencia ficción.

 

No asuma que algo anda mal cada vez que sus hijos están ansiosos o bravos. Los adolescentes, y sus cerebros, están equipados para los desafíos de la vida”.

 

*Traducción de un artículo aparecido en el New York Times el domingo 9 de septiembre de 2018: The Big Myth About Teenage Anxiety

Relax: The digital age is not wrecking your kid's brain, escrito por Richard Friedman.

 

Richard A. Friedman. Psiquiatra, profesor de psiquiatría clínica y director de psicofarmacología clínica en el Weill Cornell Medical College. Colabora con el New York Times con escritos de opinión.


 
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